La catedral del mar, comentario
La catedral del mar
©Ildefonso Falcones de Sierra
©Grupo editorial Random House.
La catedral del mar llegó a mis manos por recomendación de mi querida belle-mère. Gracias.
¡Es un argumento duro!
Su escritor cuida en todo lo posible el contexto histórico y además es un canto a la libertad. La lucha de unos hombres y mujeres ante la injusticia del feudalismo, la esclavitud, los derechos inhumanos de los nobles y la prisión de los hombres a sus tierras y a su desafortunada vida, acompañados por sus miedos y sus credos. Dos mundos. La Cataluña de hombres libres y aquella de payeses que no tenían derecho a su propia vida ni a las virtudes de los amantes y cuando la mala suerte y los deseos de unos nobles infames, avaros y celosos son el yugo para sus vasallos, sus protagonistas prefieren bailar con la muerte, porque la muerte es el arma de los injustos pero también es el descanso de los inocentes. Vivir de rodillas o morir de pies.
El escritor nos desvela muchas de las normas y leyes del derecho feudal y comercial. En la novela está presente el racismo a las Aljamas de Zaragoza, de Barcelona o Toledo que fueron crímenes en las manos de las leyes papales y católicas llevados acabo por una sociedad temerosa e ignorante. La inquisición se muestra cómo lo que fue: un error de las mentes de la edad media, un retroceso de las ideas de amor al semejante y un arma en las manos de los pudientes. Una vez más los consejos de mi abuela salieron a la luz "Nada hay mas peligroso que un piojo resucitado con un plato de sopa lleno y un cura que quiere salvar a sus semejantes a golpe de látigo y calor de hoguera"
Hay un acto de valentía que marca de una manera concisa, precisa y dura el relato de la novela, la entrega de una vida para que las nuevas generaciones puedan ser libres. Pruebas continuas de una humanidad en personajes tocados por la religión, la injusticia, el racismo, los celos y el hambre.
La catedral del mar no es edificio, no es un conjunto de piedras, sino, los hombres y mujeres que sufren, lloran, aman, odian, trabajan y pecan. La catedral del mar somos todos nosotros, los desterrados, los hijos de Eva, los que a ella llegamos gimiendo y llorando. Los que cargamos nuestras piedras, piedras que nos hacen sangrar y que junto a nuestras virtudes y pecados somos la verdadera iglesia. Bienaventurados los pobres, los humildes, los torturados, los vagabundos, las prostitutas, los pecadores, los esclavos porque de ellos y de nosotros es el reino de los cielos.
Hombres y mujeres con nuestros pecados; la malicia, la avaricia, la ignorancia y la incapacidad para hacer el bien y con nuestras virtudes y nuestros sacrificios. Nosotros somos las piedras de la más bella de las catedrales.
Aprovecho para recomendar: El Ocho de Katherine Neville, y su segunda parte El Fuego.
Recibe un cordial saludo de J.J.Danwcer.



