B2c17noroeste. Epígrafe. (título y reedición)
B2C17NOROESTE. Tedio y spleen.
Triste es esta tarde lluviosa y grisácea que me vuelve almendra e igual que coraza y yelmo me envuelve en mis recuerdos. ¡Te aborrezco! Dejados han sido tus bellos ojos en esta tarde de lluvia que a los dos nos mojaba. Viendo tu sinuoso cuerpo acercarse al mío, ese cuerpo joven y sensual envuelto en una gabardina blanca, viendo pobre de mí, tus cabellos al viento y enseñando a la tarde tu rostro literario, con esa falda que asomando como capitana de tus andares, se ceñía a tus caderas numeradas que se contoneaban al golpe de tus tacones, y disfruté de tu lozanía. Prendado quedé de tu cuerpo, esclavo de tus ojos y de tus labios. Y cuando tu paraguas abierto golpeó mi rostro y desesperada me auxiliaste, y de tu auxilio surgió una mirada y en una mirada... quedé prendado de los sonidos de tus nuevos labios.
Tú sugeriste subir a tu casa y yo corté todos los caminos, aceleré los pulsos de tu cuerpo, avancé en la distancia para mi enemiga, amarré tu cuerpo contra el mío y tú, satisfecha de este rumbo, marcaste las pautas de tu lujuria, trazando el camino a tu lecho acompañado por este loco teclado que no cesa de demoler mis dedos. Y ahora te aborrezco, mas... rota está tu túnica de la verdad. Si yo te besé, si recorrí con mis manos tu cara fue loco al querer calmar los ardores de tus labios mostrados. Si dibujé con mis manos tu cadera, si abrí tu gabardina, si alcé tu falda y acaricié tu sexo, fue por dar fuego a ese cuerpo que temblaba y yo, ansioso, deleitado por tu nombre, mordí tus senos, lamí tu vientre, y si penetré en tu cuerpo, fue por complacer esta triste suerte mía y siendo sólo frases y escritura estas brasas, dejado hube tu casa triste y derrotado mientras las cenizas marcaban mi frente y más amargo, era el sabor del adulterio a la mujer sin historia por mi engañada. Tan culpable soy de los actos de esta tarde húmeda, cómo culpable eres tú de romper la voluntad de éste que te olvida.
Luego, saliendo a las concurridas avenidas, a las estrechas calles litúrgicas, he luchado contra los recuerdos que me envuelven y me desconsuelan. Mojado por la lluvia del tiempo nuevo, envuelto en esta etopeya, esta mía etología, esta mimesis, saludado por mí prosopografía, sucio por tanta hipérbole y metáfora usada, odio ahora a mis deseos de nombre. Y reconozco que todos mis deseos han sido limpios. He intentado crear el hymnus para los dioses , a la vez que que en mi encomio, mi laus, mi alabanza para los hombres, y ésta ha sido igual que una peán fracturada por los encantos de las sirenas de Ulises.
Yo -se arquean mis labios- que siempre he disfrutado del aire que acaricia los antónimos de famoso, bronceándome la cara su brisa, nunca he retirado la vista hacía aquellas palabras que me miran, y ahora, aborrezco mi creación y mi blasfemia. Tomados prefacios, epígrafes, centones y exhortaciones, sus cristales humildes me han herido, han sangrado mis dedos que habían de crear los pensamientos que habrían de darme el apelativo. Y aun así, disfruto viéndome en los ojos de aquellas cuya cara me satisface mirar y nunca me ha atrevido a pisar sobre el portal de soltera que no sepa quien soy. Benditos mis miedos, pues nunca he intentado sobresalir y mostrar mi cabeza para que sea usada por Diana o Marte, como premio en la muralla de la fortaleza asediada y salvaje-mente conquistada.
¡Te detesto carne de seudónimo mío! Tú, que tanto a ti, me costó crearte. Tú a la que he dado un alma en tus páginas y en tus líneas. Doliéndome mis dedos al crear tú historia, llorando cada vez que de ti hablaba, perdiendo las caricias que debiera de haber ganado por la Venus querida. Por ti, mis ojos cansados han quedado y hoy, te digo qué te detesto. Mas... no has sido tú la culpable de mis ilusiones gastadas, de mis ganas que atropelladas con ellas, he intentado enseñar a estos peces de heladas aguas heladas quien soy.
No eres la culpable de esta calma que me saluda cada día, de este perfume de rosas enroscadas al filo de una espada, de piedras hechas carne que soportan edificios de gloria y tierra de miseria, de este viento, niebla, lluvia y sombra alargada que contraen mis ojos y mis pensamientos. Y aún así.
¡Glorificaré al hombre y sus hazañas, defenderé a la ultrajada y al abandonado! ¡Salgan las odas a esperarme al camino! Crezcan las oraciones para el ser; epicedios, epitafios, prefacios, proemios, heldenlied, diatribas, cánticos, dramas, rihlas, salmos y odiseas. ¡Te deseo fortuna! ¡Qué Hermes, Afrodita, Acidalia, Félix, Victrix y Zaratustra acompañen con su música mis epítetos! ¡Que el agua bendita del tiempo, sane cualquier herida por mi causada! Decidle a Vulcano que las pequeñas brasas para glorificar al humilde están esperando en la pira de esta noche. Cada astilla quemada, cada verso mostrado tendrá por compañero al guerrero herido, al inocente y al ladrón arrepentido. Cada renglón en tu obra, estará adornado con el cincel sanador que talle el busto de la deseada y cada astilla, irá acompañada del perfume de las esencias de la verdad y el amor. ¡Marcaré con mis palabras las columnas de tu templo!, ¡alabaré al creador de los mitos, respetaré al logos y a sus hijos y nunca mancillaré el nombre de mis predecesores ni del único ante quien me arrodillo!. Seré generoso con los anteriores a mi tiempo y solidario con los que necesiten de mi palabra.
Ahora, te aborrezco y me despido de tu historia contada.
B2C17NOROESTE, te arreglé y te cubrí con dorados para que fueses mi gloria y tan bella y, con tanta voluntad, te dejé escrita para que por la puerta salieras, y ahora, estoy a punto de cambiarte y hacerte más freíste. ¡Abracen mi mente tullida los fariseos, los sofistas falsos y sus trece monedas de plata! Ahora, es cuando me va doler volver a reencarnar-te, me duele, pues siendo tu creador intuyo, que a los animales que me han dar de comer no les agradas y no gustan de tu sabor, tus sonidos y tus humos.
No quieren tus cenizas blancas y sin brutalidad, tu olor de incienso y olor de valentía. Tristes son estos ojos míos que de nuevo,te han de forjar y triste son los recuerdos de cómo en un principio eras. Adiós a las verdades que eran testimonio de un sueño de buenas voluntades.
¡Sí, he de cambiarla para satisfacer mi ego y mi despensa! He de volver a revisar sus verdades, pero... no por ello dejaran de ser verdades de hombres, de sufrimiento y de pasiones en sus páginas. Si he de cambiar sus sonidos, seguirá sonando cuan estrofa de valentía, entrega y amor cayendo entre las troneras de la altura de sus corazones al lago de las verdades. Creando nubes de dulzura, tintineos de melodías naturales, charcos desformados de formaciones lógicas de sus vidas y salpicaduras y vapores de amor. Porque amor es cada párrafo por mí en ella escrito y descrito, amor es lo puesto en cada palabra bombeada por mi corazón. Vistiéndote de blanco, tiñendo tu arrojo por prosa, guardando tus símbolos de verdad y protesta te revisaré, te volveré a vestir con blanca túnica acariciada por el viento sin cruces, que haga que cada pliegue se ciña a tu cintura, que marque tus muslos y tu pubis, que encinte tu busto, que marque tus senos convirtiéndote en deseo para que se rasguen sus bolsillos.
¡Amen!
Libro B2C17NOROESTE. 09-05-09
Prefacio.
"Bien aventurados sean aquellos que tienen la suerte de ser queridos en la tierra del padre. Ejemplares sean aquellos que son respetados en la tierra de la madre y afortunados todos los que no sean olvidados por sus generaciones, gloria a los buenos actos de los hombres de cualquier lengua o creencia"
La oración que inicia la asamblea es el prefacio, y éste, está dirigido para los héroes. En la mitología griega el héroe era un semidiós, el hijo de una divinidad y un o una humana, un actante consciente y dueño de sus actos y una entidad capaz de realizar acciones extraordinarias y positivas para con sus conciudadanos, dignas de elogio, y en nuestro mundo moderno, aquel ser, capaz de arriesgar su integridad corporal para salvar una vida.
Ahora, recogidas todas las pruebas y sabedor de los acontecimientos, no tengo mayor pesar que verme en la obligación de sobrevivir a mi discípulo, realizar un prefacio anterior a la extremaunción, contar sus hazañas y realizar mi deber; reconocer al donador, desenmascarar al villano y una vez cumplido mi propósito... retirarme satisfecho por mi obra y de mis enseñanzas, siendo un honor haber sido su maestro.
(fragmento de B2C17Noroeste)



